Una película rigurosa que muestra un aspecto de una Italia recién salida de una guerra, esa misma Italia que tras la década de los años Cincuenta se lanza de cabeza en la frivolidad que sigue al boom de la década sucesiva.
Algún aspecto de la “Dolce Vita” sigue siendo, aún hoy en día, actual: se trata de un despiadado análisis del modelo de vida extranjero que irrumpe en la Italia de aquellos años, y que importa el mito de la diversión nocturna, de los divos americanos y de los “paparazzi” (fotógrafos o reporteros de la prensa sensacionalista): en suma, un nuevo tipo de vida que contrasta de manera evidente con los valores más tradicionalistas de nuestra tierra.
Escenario de esa nueva manera de vivir y de observar el mundo fueron la Fontana di Trevi - con los magníficos Marcello Mastroianni y Anita Ekberg - y la maravillosa Via Veneto con sus locales, que se hicieron famosos gracias a la película de Fellini y que permanecieron, gracias a la misma, grabados en la memoria de todos los visitantes de nuestra Capital.
A pesar de que el estreno de la película fue un auténtico fracaso en Milán, y no obstante las críticas del primer momento, la película consiguió obtener un enorme éxito de taquilla, así como el reconocimiento de la crítica cinematográfica de todo el mundo: de hecho se hizo con la “Palma de Oro” en el Festival de Cannes; consiguió un Oscar al vestuario, diseñado por Piero Ghepardi; y en el año 1961 le otorgaron tres “Nastri d’Argento” (premio otorgado por el Sindicato Nacional de Periodistas Cinematográficos italianos): al guión original, a Marcello Mastroiani y a Piero Gherardi por su escenografía.
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